un poco de aquí y de allá…

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la chica que lee.

Sal con una chica que no lee (Charles Warnke)

29 de mayo de 2011

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

Lo saqué de una nota de Lina Moreno en Facebook.

coches de carreras reciclados. recursos educativos lúdicos

Toilet Paper Roll Race Cars

 

My never ending dilemma: to throw or not to throw finished toilet paper rolls has a chance to come to an end finally. Every time I gather few of them and am just about to put it into a recycling bin, thought of reusing them stop me. I have just reused plastic bottles to make Rocket Power Jet Pack so why not starting the next toy project.

At last the foggy idea of D.I.Y. project involving toilet paper tubes became the reality with The Toilet Paper Roll Race Cars with full tutorial here. From now on tons of toilet paper tubes littering our apartment literally would let our girls play in their favourite game “who is the winner” with their favourite Playmobile figures. 

These toys are so easy to make that even children would have fun with it. The best moment would be decorating cars with some stickers, paper for decorations, and even brocade to have your own dreamed race car. 

Since this great Kifli és levendula blog is in Hungarian we will add some instructions to the photo guide posted there. I think that you would agree that the Toilet Paper Roll Race Cars bring as much fun in making as in playing. If it is so, please DO share it with us!

 

Toilet Paper Roll Race Cars Collage

What you need:

Tools:

  • Scissors / Craft knife
  • Hole puncher
  • Glue
  • Paint brush
Supplies/Ingredients:

  • Toilet paper tube
  • Acrylic paint
  • Cardboard
  • Paper for decorations/stickers (optional)
  • Small prong fasteners/brads
 
1

Prepare as many toilet paper tubes as cars you would want to make.

Toilet Paper Roll Race Cars 01

 
2

Paint the toilet paper tubes with acrylic paints using a paint brush. While waiting for paint to dry, you can go on to the next step.

Toilet Paper Roll Race Cars 02

 
3

Draw circles on the cardboard – that would be the cars’ wheels, so you need 4 times number of toys you want to make. Don’t forget to draw smaller ones – these would be the steering wheels. You need to cut them out with scissors and paint as it is shown on the pictures.

Toilet Paper Roll Race Cars 03Toilet Paper Roll Race Cars 04

 
4

Having all toilet tubes painted and dried you can go on with cutting openings with a craft knife, than fold it over – that would be the front seatback back. You can also paint it and – to hold it in place – use glue dot. Don’t forget to glue on the steering wheel on the opposite side of the opening.

Toilet Paper Roll Race Cars 05

 
5

Now all you have to do is fasten wheels using brads, and, the most pleasant part of a job, decorate the cars with stickers/paper for decorations, which make each one unique.

Toilet Paper Roll Race Cars 06Toilet Paper Roll Race Cars 07

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GAIA

La Tierra parece regularse a sí mismo en acuerdo a un plan, y la integración de todos los seres vivos la hace funcionar como un enorme organismo pluricelular. A 40 años de su aparición, la teoría Gaia sigue enfureciendo al mainstream científico.

lovelock-gaia

El inventor James Lovelock nació en Inglaterra en 1919. Pasó a la historia por una idea sumamente simple y que, al decirla, parecería de sentido común, pero cuyas premisas formales fueron ampliamente cuestionadas por la comunidad científica a finales del siglo XX. La idea, expresada en una sencilla frase es: la Tierra se comporta como un organismo, y tal vez lo que molestó a los científicos más ortodoxos fue que ese organismo tuviera un nombre con el que el gran público pudiera relacionarse: Gaia, la madre tierra.

Lovelock se graduó en química y trabajó para el gobierno británico durante la Segunda Guerra Mundial (algo como el personaje Q de James Bond, alguien que puede hacer los más diversos gadgets), lo cuál llevó a la invención del detector de captura de electrones, que permitió detectar componentes tóxicos en regiones tan remotas como la Antártida (el trabajo del científico mexicano y premio Nobel Mario Molina estuvo en gran parte inspirado por el trabajo de Lovelock). Dichas habilidades pronto fueron reconocidas por otro cliente importante, la NASA. A partir de los años 60 Lovelock trabajó en California para la agencia espacial, desarrollando un proyecto para verificar la existencia de vida en el planeta Marte.

Según Lovelock no era necesario enviar naves al planeta rojo para saber si este tenía vida o no: bastaba observar las condiciones ambientales de Marte y compararlas con las de la tierra. Fue este proceso el que lo llevó a desarrollar la idea de que un planeta no solamente puede albergar vida en su interior gracias a su composición atmosférica, sino que de algún modo dicho planeta –este, el nuestro– es vida. Si la Tierra es vida en sí misma, es dable pensar que puede comportarse como un organismo.

Aunque el argumento por entender un planeta como un organismo vivo cobraría adeptos y detractores en los años siguientes, no fue Lovelock mismo quien propuso el nombre de “Gaia” para su teoría, sino uno de sus más cercanos amigos, el escritor William Golding, a quien tal vez recuerden por una primera novela muy exitosa, El señor de las moscas. Golding sugirió el nombre de Gaia, como la antigua diosa griega de la Tierra, además de motivar y seguir de cerca los progresos de su amigo.

Lovelock hizo pública su teoría a principios de los 70, y fue entonces cuando encontró a su siguiente colaboradora en la microbióloga estadunidense Lynn Margulis. El paso hacia la colaboración fue natural: Margulis era una ferviente creyente de la simbiosis (la idea de que los organismos colaboran unos con otros para beneficiarse mutuamente), lo que finalmente ocurrió en su trabajo con Lovelock. Sin embargo, Margulis no era tan entusiasta en cuanto a las consecuencias míticas y filosóficas de la teoría de Gaia. 

Margulis ya tenía para entonces un nombre hecho dentro de la comunidad científica gracias a sus estudios al respecto de la simbiosis en organismos pluricelulares. Para ella, las células complejas (eucariontes) estaban formadas de células más básicas o primitivas (procariontes); dichas células, según su teoría, se volvían “organelos”, partes funcionales de dichas células complejas. Para alguien con estos antecedentes era mucho más fácil relacionarse con la misma dinámica que había visto en organismos microbiológicos en una escala mayor, por lo que comenzó a colaborar con Lovelock escribiendo textos a favor de la teoría Gaia.

Un argumento que desarrollaron juntos, por ejemplo, habla de que la temperatura del Sol durante la vida de la Tierra no ha permanecido constante. La edad de nuestro planeta se calcula en unos 4.5 mil millones de años, durante los cuales la temperatura del Sol ha aumentado en la misma proporción periódica. ¿Por qué esos aumentos de temperatura han seguido permitiendo la vida en la Tierra? Lovelock y Margulis pensaron que se trataba de que la vida misma en nuestro planeta cambia la composición de los gases terrestres, y que al hacerlo, logra moderar y atenuar los efectos de la radiación solar. Justo como un cuerpo suda cuando hace calor o tiembla cuando hace frío, la Tierra regula sus niveles de calor a través de los organismos más pequeños que la habitan.

Fanáticos y detractores

Pero por más “lógica” que pueda sonar esta visión del mundo, Lovelock y Margulis se enfrentaron a férreas críticas, como la de John Postgate, un microbiólogo de la Royal Society quien expresó en 1988: “Gaia, ¡la Gran Madre Tierra! ¡El organismo planetario! ¿Soy el único biólogo que sufre urticaria y un sentimiento de irrealidad cuando los medios me invitan a hablar de esto en serio? Y es que para los biólogos evolucionistas, la teoría Gaia tenía algunos problemas importantes. Las plantas no producen dióxido de carbono “por el bien de la Tierra”, sino como parte de sus funciones, según el mainstream oficial. Toda otra explicación atenta contra el paradigma darwiniano, donde la cooperación entre especies no es tan importante como la supervivencia del organismo.

Otro argumento en contra fue que la teoría Gaia se hizo de férreos adeptos dentro de las comunidades new age. Muy pronto aparecieron libros sobre jardinería Gaia, retiros Gaia, iglesias de Gaia, música, arte, así como grupos de ecologistas radicales y ecofeministas, así como los paganos de California. Un caso especialmente curioso fue el de un hombre nacido en Missouri en 1942 bajo el nombre de Timothy Zell, que bajo el nombre de Oberon Zell-Ravenheart que no sin modestia se describe a sí mismo como “psicólogo transpersonal, metamédico, naturalista, teólogo, chaman, escritor, artista, escultor, conferencista y maestro.” En su papel de ministro de la Iglesia de Todos los Mundos fue uno de los muchos “pseudocientíficos” por los que la comunidad científica veía con recelo las teorías de Lovelock, como cuando podemos apreciar a una banda de rock pero dejamos de escucharla a causa de sus odiosos fans.

Y es que en el término “pseudociencia” van implícitas muchas consideraciones históricas y teóricas. La partícula “pseudo” implica un juicio de valor sobre lo verificable de una metodología alternativa al canon científico, y sólo puede ser utilizada por miembros del mainstream científico que se asumen voceros de la verdad científica. Su punto es que la pseudociencia es algo que parece ciencia sin serlo, sin seguir estándares de la ciencia “verdadera”: no es predictiva, es inconsistente, descontextualizada, etc. Sin embargo, desde Platón y Aristóteles la teleología (o búsqueda de las razones últimas) condujo la investigación considerada científica hasta entonces. Un “defecto” histórico de la teoría de Gaia era que presuponía la existencia de una razón última (la continuidad de la vida en la Tierra) a partir de la observación del comportamiento de los organismos. El problema es que después de Descartes, las razones últimas quedaron como una curiosidad de museo en favor de la diosa Razón.

En la historia de la filosofía, las razones últimas siguieron su propio cauce a través de los idealistas alemanes del romanticismo, incluyendo al poeta Goethe, al filósofo Friedrich Schelling y posteriormente en Estados Unidos hacia Ralph Waldo Emerson y Henry David Thoreau. Estos autores suelen ser traídos a cuenta por ambientalistas de todo cuño, para los que la teoría Gaia sigue teniendo sentido y pertinencia en la historia de la ciencia. 

La teoría Gaia ha provocado pasiones a favor y furores en contra. Lovelock fue condecorado en el 2006 con la Medalla Wollaston, el más grande honor de la Geological Society of London, tal vez porque sigue pesando más lo provocativo de su teoría y sus implicaciones que sus puntos en contra. Aunque la teoría de Gaia no se haya hecho de un lugar en el anaquel de la ciencia moderna, una rama de estudios que ven a la Tierra como un sistema interconectado permea poco a poco en las discusiones. Y es que no se trata de vigilar y castigar a los que proponen hipótesis arriesgadas, sino de tratar de equilibrar la metodología rigurosas con las cualidades imaginativas. Watson y Crick no propusieron su modelo de ADN a partir de elementos comprobables, sino de comprobar empíricamente el funcionamiento de un esquema que en un primer punto fue teórico (la doble hélice). Como Einstein dice, en ciencia (como por otra parte, en toda rama del saber) la imaginación es más importante que el conocimiento. Lovelock sigue siendo un gran ejemplo de ello.

[Aeon]

ETERNO RETORNO

 

Un misterio que en un principio podría ser una simple curiosidad, que los seres humanos no podemos caminar en línea recta si se nos cubren los ojos, se revela como una interrogante de proporciones cósmicas.

Por más que lo intentes, si caminas con los ojos cubiertos, caminarás en círculos. No importa quién seas, si eres humano no podrás mantener una línea recta cuando caminas sin un punto de referencia. Esta extraña tendencia circular en los seres humanos ha sido probada científicamente. La investigadora alemana Jan Souman probó con distintos sujetos en distinto sitios —en la playa, en el desierto, en el bosque— y todas las persona con los ojos tapados caminaron en círculos.  La investigadora también hizo los experimentos con sujetos con la vista descubierta y se dio cuenta de que el clima influye: los sujetos que caminaron en climas nublados sin un punto de referencia —como el sol, la luna o una montaña— tampoco pudieron mantener una línea recta.

 

Existen diversas especulaciones sobre por qué sucede esto. Algunos sugieren que se debe a que las personas tienen un lado dominante y esto es una forma de ser zurdos o derechos. O que tenemos una pierna más grande que la otra o apéndices más grandes. O tal vez es un reflejo de que nuestros hemisferios cerebrales emanan diferentes niveles de dopamina. Pero asegura la investigadora alemana que ya ha probado estas y otras teorías y ninguna es certera, por lo cual está trabajando en un acercamiento multicausal al enigma.

Los lectores de esta nota en el sitio NPR  sugieren que tal vez el fenómeno podría tener que ver con el campo magnético de la Tierra y con la dirección de su movimiento de rotación. Otros lectores existencialistas dicen que tal vez es simplemente la prueba de que la vida es absurda o que es un metáfora de la humanidad (o acaso del eterno retorno y de la naturaleza cíclica del universo —¿de que vivimos dentro de un laberinto, de una paradoja?) (¿otros animales también dan vueltas si se les priva de un sentido referencial?).

Otra teoría un poco más licenciosa se esboza aquí: todo está girando, no solo los planetas y las estrellas, las células y los átomos están girando en vórtices y espirales, el vacío mismo está compuesto de una energía giratoria o arremolinada. El mismo Nikola Tesla buscaba “utilizar la energía del remolino”, del movimiento angular, para con ella “desaparecer y crear materia”, como si se tratara de la energía del punto cero, la energía primordial del vacío. Escribió Tesla:

«It appears, then, possible for man through harnessed energy of the medium and suitable agencies for starting and stopping ether whirls to cause matter to form and disappear» “Parece entonces posible para el hombre, a través de la energía obtenida del medio y los agentes adecuados para iniciar y detener los giros del éter, hacer que la materia se cree y desaparezca”]. 

El autor de este post en el sitio Reality Sandwich especula que la misma fábrica del tiempo-espacio está compuesta de ondas etéreas oscilatorias –escalares– similares a la descripción de los chakras, como vórtices giratorios.

“En realidad el movimiento vorticial sería una transición dimensional o un descenso del espacio infinito al espacio en 3D […], así que la dulidad opositoria entre el vórtice o chakra es el puente entre lo real […], el espacio primordial y nuestro mundo y de regreso (la verdadera “carrera espacial”). Es el motor de la creación y la destrucción”.

Obviamente este es el terreno-torbellino de la imaginación metacientífica, pero resulta resonante: la rotación, la espiral, el auto-vórtice como movimiento primordial de creación y destrucción. En este sentido, cuando dejamos de dirigirnos hacia un referente en el espacio externo, ¿es posible que caigamos de manera natural en este movimiento circular, en esta espiral interna dentro de cada partícula que es una órbita microcósmica de  las esferas celestes? Y por esto caminamos sin razón aparente, todos, inevitablemente en círculos, porque así se está moviendo el universo.

 

51 fantasticos usos del bicarbonato de sodio

La Matrix Holográfica

http://lamatrixholografica.files.wordpress.com/2012/02/capturadepantalla2011-02-03alas22-43-15.png?w=271

El bicarbonato de sodio es una sustancia maravillosa que tiene múltiples usos y además es amigable con el medio ambiente. He aquí una recopilación de 51 usos del bicarbonato de sodio:

Cuidado Personal

1. Hacer pasta de dientes
Una pasta hecha de bicarbonato de sodio y una solución de 3 por ciento de peróxido de hidrógeno puede ser utilizada como una alternativa a las pastas dentífricas comerciales no fluorada.

2. Refrescar la boca
Pon una cucharadita en medio vaso de agua, haz buches, escupe y enjuaga. Los olores se neutralizan, no sólo los oculta.

3. Aparatos orales
Remoja aparatos orales, como retenedores y  prótesis dentales, en una solución de 2 cucharaditas de bicarbonato de sodio disuelto en un vaso o recipiente pequeño de agua tibia. El bicarbonato de sodio afloja las partículas de alimentos y neutraliza los olores  para mantener frescos los aparatos. También puedes limpiarlos frotando un cepillo para…

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FEMME DE LA RUE

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